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Cualquiera que se haya acercado en estos días a la huelga de metro a través de los medios de comunicación habra hecho una asociación clara. La huelga ha generado indignación popular y, por lo tanto, un fuerte rechazo a la huelga de metro. Este argumento, apoyado con una gran batería de opiniones, ha sido sustentado con encuestas sobre los daños que ha hecho la huelga a los usuarios y usuarias del Metro, tal y como han lanzado periódicos como El País o 20 Minutos. En definitiva,  se ha generado una imagen de consenso social contra la huelga. Sin embargo, poca gente se ha fijado que las encuestas directas sobre la huelga en el momento álgido de la misma, porque estas reflejan cualquier cosa menos un consenso.

Empezando por el impacto de este blog, en apenas dos días se han recibido más de 20.000 visitas y cientos de apoyos individuales y colectivos a la huelga, podemos asegurar que esta huelga no es el producto de la lucha entre los trabajadores del metro y la indignada ciudadanía, sino que una parte importante de esta ciudadanía apoya la huelga y se siente parte de la misma.

Incluso si vamos más allá y tomamos algunas encuestas publicadas en medios diversos podremos tomar algunas medidas. Por ejemplo, en la encuesta que RTVE lanzó en su web hace varios días vemos que los votantes afines a la huelga son 737, el 55% de los 1344 votos.  Y si tomamos la encuesta publicada por el diario Expansión con una participación de más de 13.000 votantes vemos que 7.218 votantes están a favor de la huelga, el 55,3%. Lo mismo sucede con otras encuestas lanzadas por KissFM u otros medios, donde el reparto es similar. ¿Dónde está el consenso contarrio a la huelga?¿Por qué reflejar sólo a la gente que está en contra de la huelga?

No se trata de creer a pies juntillas lo que dicen las encuestas, sino de ser capaces de entender que hay mucha gente que tiene razones para defender y apoyar esta huelga porque la sienten propia y porque ven que el atropello que están sufriendo los trabajadores y trabajadoras del Metro es un atropello que estamos viviendo todos. Esta otra realidad está ahí, no sale en las grandes pantallas ni se grita desde los voceros oficiales, pero si veis cualquier agujerito al que asomaros para verla no lo dudéis, asomaros, vale la pena.

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Recetario para terminar (o reimpulsar) la huelga de Metro

Publicado: junio 30, 2010 de observatoriometropolitanomadrid en Opinión

En sólo dos días, apenas 48 horas, Madrid se ha visto paralizada por una
huelga de transportes que ya no se recordaba desde los años noventa. Ni
servicios mínimos, ni concensiones a la empresa, ni las típicas
vacilaciones de los mandarines sindicales, sencillamente paro total, y
quienes acostumbraban a usar el Metro ¡a buscarse otra alternativa!
Pillados por sorpresa, la maquinaria política y la mayor parte de los
medios de comunicación no han tenido casi tiempo para reaccionar, pero ya
han puesto en marcha el típico estribillo: “es una huelga insolidaria,
corporativa, ilegal, política, promovida por sindicalistas sinvergüenzas e
irresponsables” dicen.  Pero para entender bien lo que suceda en las
próximas horas habrá que tener bien en cuenta lo que se quiere señalar con
cada uno de estos lindos epítetos:

“Insolidaria” dice el Sr. José Ignacio Echeverría, Consejero de
Transportes de la Comunidad de Madrid. Sí, en efecto, lo es. La huelga
afecta más y primero a aquéllos y aquéllas que no tienen medio de
transporte privado, que dependen casi exclusivamente del Metro y que han
tenido que añadir en ocasiones una hora más de ida y vuelta a sus casas.
Pero aquí es también preciso reconocer que la insolidaridad camina en
ambas partes. ¿Quien se ha preocupado alguna vez por los problemas
laborales de los trabajadores del Metro, por cómo se “fabrica” un servicio
que se presta a diario a millones de personas? ¿Por qué entonces tendrían
que preocuparse estos trabajadores y trabajadoras de los usuarios del
suburbano? Hay quien podrá decir «que los arrasen, que los expedienten,
despidan y pongan en la piqueta, para que todo vuelva a como antes», esto
es, a las dos horas justas que de media diaria pasan de los trabajadores
madrileños de camino de ida y vuelta a unos trabajos mal pagados (más de
la mitad mileuristas o menos) y que en muchos casos sobrepasan de largo
las 40 horas semanales.
Enfadarse por el engorro de perder algo más de tiempo en medios de
transporte, es completamente justo, pero quizás el cabreo que importa de
veras sea otro: el que produce el miedo y el chantaje a ser despedido en
tiempos de crisis, el que proviene del multiempleo, la
infrerrremuneración y la precariedad. Eso sí que son motivos. Por no
mencionar años de malas prácticas urbanas que han llevado a bascular aún
más los puestos de trabajo hacia el norte de Madrid (ahí están las
ciudades empresa de las grandes corporaciones del Ibex 35 como Telefónica
o Santander), al tiempo que la brecha de renta desplazaba cada vez más a
los trabajadores pobres hacia el sur de la región. Todo un logro en
términos de eficiencia de transporte que lleva a más de un millón de
trabajadores a desplazarse diariamente a más de 20 km. de distancia de
sus casas, muchos de ellos en Metro.
Por otra parte, en favor de los trabajadores del subterráneo habrá que
decir que son los únicos que en los últimos años se han preocupado por la
calidad del servicio, denunciado reiteradamente la reducción de costes de
mantenimiento que acompaña a los planes encubiertos de privatización y
que producen los ya conocidos retrasos que antes no se producían y que
seguramente sumarán más horas laborales pérdidas este año que la propia
huelga de metro.

“Ilegal” denuncia, de nuevo, el Consejero. Sí también es cierto, pero de
quién ¿de quién no respeta un convenio firmado? ¿O de unos trabajadores
que deciden olvidarse del eufemismo de los servicios mínimos? Y de otro
lado ¿de qué legalidad se habla? ¿La de una legislación que proscribe por
vía normativa el derecho de huelga o que únicamente permite paros que no
paran nada? Acostumbrados a la permanente corrupción de la clase política
(la misma que legisla), poco o nada nos debería costar distinguir entre
legalidad y legitimidad. La cuestión es únicamente si son o no legítimos
los paros. Y esto es tan sencillo cómo que quien trabaja deja de hacerlo
asumiendo todas las consecuencias. Se trata de una pura relación de
fuerzas, que cada cual se decante cómo buenamente quiera.

“Sindicalismo irresponsable y salvaje” o bien “corrupto y sinverguenza”.
¿En qué quedamos? Podría decirse, efectivamente, que los sindicatos
mayoritarios son los principales interesados en la tranquilidad y la
responsabilidad sindical, arropados en la comodidad de la subvención y de
la carrera del “liberado”, por eso los mensajes contradictorias y el
permanente “no decir nada” frente a la crisis. Pero estos sindicatos son
minoritarios en Metro al lado de las uniones de conductores, taquilleras y
Solidaridad Obrera. Y lo que es más importante, ha sido la asamblea,
formada por la mayoría de los trabajadores, la que ha decidido por
unanimidad ir a la huelga: democracia impecable. No es una huelga de los
sindicatos, es una huelga de los trabajadores. Sutil y gran diferencia.

“Corporativa”. Sí también claro, ya no hay solidaridad «de clase», pasaron
los tiempos de las huelgas en mancha de aceite y la banderas comunes. La
huelga viene provocada precisamente por una revocación “ilegal” de un
convenio ya firmado y una disminución salarial unilateral. ¿Es qué acaso
la crisis se soluciona vía reducción de sueldos de trabajadores o
trabajadoras que ganan entre 1000 y 1500 euros por dejarse ocho horas
diarias bajo tierra y en un trabajo repetitivo y monótono? ¿Es que es
preciso “disciplinar” y “amarrar” bien a los currelas para qué otros,
encorbatados, arropados bajo el sacrosanto nombre del “inversor”, que
ganan 10 veces esa cantidad en un sólo día puedan seguir haciéndolo
especulando con el dinero de todos (ya sea en forma de bonos de deuda
pública o de fondos de pensiones)? ¿O bien se trata de congraciar a los
“mercados” (entiéndase inversores, entiéndase especuladores) con una clase
política, mediocre y corrupta, incapaz de más imaginación que la de
responder obedientemente con rescates billonarios a bancos y empresas, de
un lado, y con recortes sociales y salariales, de otro?

“Política”. Pero política contra quién, ¿contra el PSOE en el gobierno que
ordena el Decretazo? ¿O contra la Comunidad de Madrid que participa la
empresa? Si por política se entiende lo que viene siendo habitual en la
esfera mediática (el posicionamiento en la aburrida e intrascendente lucha
partidista) esta sería sin duda la más antipolítica  de las huelgas
políticas (en tanto dirigida contra el conjunto de la clase política).
Pero si por política se entiende lo que se debiera (la gestión y decisión
sobre lo común), está huelga, siendo en principio apolítica, apuntaría en
una posible dirección irremediablemente política. Rechazando con todas sus
fuerzas la bajada salarial y aprovechando su posición de fuerza en el
transporte metropolitano, los trabajadores y trabajadoras de Metro han
señalado un camino posible de intolerencia de masas contra una clase
política y empresarial que sólo obedece a las consignas de “socialización
de pérdidas” y “privatización de las ganancias”. En este sentido, esta
huelga no sólo es política, sino que es la primera acción de protesta
real y efectiva contra la crisis. Sólo queda seguir ejemplo.

Lo que está en juego con esta huelga

Publicado: junio 29, 2010 de panzer09 en Materiales, Noticias, Opinión, Propuestas

Podría parecernos, como usuarios y usuarias del Metro que estas huelgas que han empezado estos días tienen poco que ver con nosotros. Nada más lejos de la realidad. La huelga del Metro es una de las primeras muestras de que las medidas que se nos imponen con la excusa de la crisis (merma de derechos, de salarios) no son inevitables.  Pero la pregunta es ¿por qué bajar los salarios de los trabajadores si ha habido dinero suficiente para regalar miles de millones a los bancos?¿Por qué no obligar a los gestores del capitalismo financiero a pagar la crisis si son, junto a la clase política, sus verdaderos culpables?¿Por qué las grandes multinacionales siguen ganando cifras astronómicas y son los trabajadores y trabajadoras las que tienen que pagar los ajustes económicos?

Madrid es una ciudad donde las grandes fortunas campan a sus anchas y donde se han hecho grandes fortunas a costa de sueldos y condiciones de trabajo miserables. Si cuando los beneficios eran exorbitantes no repartieron el pastel, ¿por qué debemos arrimar el hombro y hacernos cargo de sus miseria? Los trabajadores y trabajadoras del Metro han dicho ¡basta ya! Por ell@s, que por tener fuerzas sindicales organizadas han podido decir que no a su patronal y por otros muchos trabajadores y trabajadoras precarias que están siendo arrasadas por el despotismo de sus empresas (despidos, bajadas de salarios, contratación precaria, etc.)

Por este motivo la huelga del Metro es una batalla de todos y todas para que la crisis no sea la excusa para que mermen nuestros derechos, nos bajen los salarios, privaticen nuestra sanidad o la educación, amplien la edad de jubilación o no se respeten los derechos de todos y todas.

La evidencia es que aquellos y aquellas que luchen tendrán una oportunidad de ganar, pero todos aquellos que se resignen ante el destino que nos quiere imponer la clase política ya han perdido.